sábado, 22 de enero de 2011

Cuarta Etapa: Ushuaia! Llegamos a Ushuaia!!!

Salimos de Río Gallegos y paramos en "Laguna Azul" es un volcán apagado donde ahora se deposita un espejo de agua de un color increíble a causa que los fuertes vientos de la boca del volcán impiden que se depositen sedimentos que cquiten el color azul/verde cristalino del agua. Es tan increíble como la historia de la bolsa de dulces (alfajores, galletitas, chupetines, chocolates) que rescatamos de la basura. Ese será un bonus track que sólo se podrá ver en video en un relato luego que ejecutamos la hazaña.

Bueno, cerca de las 7 de la tarde llegamos a la Aduana argentina, los trámites eran algo lento porque la administración era algo deficiente, ya sea que entrabas o salías del país, tenías que hacer una misma fila para iniciar los trámites. Una señora muy perdida le preguntaba sin éxito a los Gendarmes si es que sabían inglés. Pobre señora, que perdida que estaba. Sólo otra mujer se atrevió a explicarle que “debbbía ha-cer la.. cooola” (señas con la mano indicando el final de la fila, justo fuera de la aduana). Capaz que en español lento y separado en sílabas la pobre mujer de habla inglesa la podía entender… no lo se. La cuestión es que la señora volvió a buscar gente que la asista. Ahí me animé… (suena música de héroe) y una reproducción mía hablando inglés entre las frases: “Quismi Lady.. I can`t speak english, but my girlfiend.. she can” “Disculpe Señorita, yo no sé inglés, pero mi novia si puede” . Rocío había ido al auto, es que necesitaba papel higienico para ir al baño, y como no me parecía un fin destacable le dije.. “she don’t stay here, she going to car (aquí empiezo a decir eeeeh, aaaaah, mmmmh) seach yours documents” “Ella no está aquí, ella fue al auto a buscar (pienso), sus documentos” (Iván, eres un maldito genio del engaño. Pensé). La señora había puesto cara de horror cuando yo atreví a llamarla (tocándola del brazo) al ritmo de un (por lo menos), cuestionable inglés. Luego de ver mis esfuerzos por hacerme entender, sonrió. A lo lejos, su marido ya hacía la cola. Es que también le dije “this is the fist step to aduana” Este es el primer paso para aduana”. Ya corajudo, consulto su país de residencia, (República Checa). Y si era la primera vez en Argentina. También que hacían acá (trabajaban para el Dakar y se quedaban unos días más recorriendo el sur en una hermosa e hiper-equipada Jeep Wrangler traída del viejo continente. Ella me preguntó si era la primera vez que iba a Ushuaia, y de donde venía. Ambas respuestas con éxito, incluyendo que me quedaría 2 o 3 días en el lugar. La demora de Rocío incomodaba la situación, a lo que intento sacar un conejo inglés de la galera “sorry, but my girlfriend walk slowly”, “perdón, pero mi novia camina lento”. Hasta que vino Rocío y les pudo traducir todos los procedimientos que yo consultaba con los gendarmes. Luego vino la aduana chilena y finalmente las rutas trasandinas hasta llegar al Estrecho de Magallanes.

El ferry actualmente cuesta 126 pesos argentinos. Dura 15 minutos y hay servicio constante hasta casi las 11 de la noche. Que decir noche es una mera formalidad, porque en verano a las 11 aún hay claridad como si se tratara de las 6 o 7 de la tarde de BsAs. Luego continúa la ruta chilena hasta una bifurcación, ahí el camino tradicional nos obliga ir hacia la izquierda, para el paso de San Sebastian, pero es un sufrimiento ese camino, al ser ripio transitado por camiones, se encuentra destruido, y una copiosa lluvia encima no nos dejaba ver con claridad los enormes baches del camino. En un momento llegué a bajarme del auto para constatar que no haya roto una cubierta, en rigor de la verdad, una sola vez pensé en haber roto algo. Pero el camino es desastrozo. El consejo más sano que puedo darles es que en la bifurcación ustedes sigan derecho, se van a abrir unos 10 kilómetros, pero es un ripio que sólo usan los autos de los pocos lugareños y en consecuencia, se encuentra muy sano. A mi vuelta, el promedio de velocidad de ese camino fue de 80 o 90km/h, cuando en el camino por el que fui, con suerte si superaba los 40 y algún que otro tramo los 90.

Nuevamente aduanas y luego nos acoge la Ruta 3 para llevarnos a Río Grande, donde paramos 2 horas para una siesta de medianoche. La ruta pasa por Toluhel y finalmente llega a Ushuaia. Como así parece muy fácil… antes de llegar a Ushuaia aquella lluvia que nos acompañó durante toda la Isla Grande, ahora al llegar a los cerros de la Cordillera de los Andes, se transformó en una copiosa nieve que no nos dejaba ver por delante de unos pocos metros del auto. Concentrado, busco una huella y también la evitaba en la medida que notaba que se hacía profunda por los camiones, la evitaba a fin de no quedar colgado con la panza del auto en el centro. Así, deshicimos y nos maravillamos con el recorrido que requería “guante” de buen conductor. Llegamos al centro de la ciudad y el estacionamiento de una YPF nos cobijó, eran las 5 de la mañana y ya no valía la pena ingresar a un hotel. Despertamos y el auto no arrancaba. Pablo, el playero, nos ayudó a empujar y nos informaba que estábamos durmiento en una playa de estacionamiento, pero que sólo nos cobraría a partir de ese momento en que despertamos. 4 pesos, le doy 6 y me confía que puedo dejar el auto las horas que quiera. Buscamos hotel y conseguimos uno a buen precio, Hostel Drake, baño compartido, pero habitación privada. Un desayuno riquísimo y casero. 200$ la noche en Gobernador Paz 855. Los hostels de habitación compartida, que abundan en un radio de 4 o 5 manzanas, tenían precio de 60 a 75$ la noche por persona con desayuno incluído.

Ya dejando las cosas en el hotel, fuimos a Información al Turista donde pedimos consejos y lista de precios sobre las excursiones y esas cosas. Lo primero hicimos fue ir a las aerosillas para acceder al Glaciar Martial. Una vez allí, debíamos subir a pie un pico de montaña y en su contracara se encontraría el Glaciar escondido. Sin embargo el camino que en principio nos pareció accesible se fue complejizando en la medida que fue aumentando la nieve que nos caía. Llegué en un momento a preocuparme por la visibilidad de la huella al momento de bajar, y unos muchachos que desandaban el recorrido nos advirtieron que estaba muy difícil, además, las nubes prácticamente no permitían ver el glaciar. Desanimados y cansados, decidimos bajar. Pero lo importante es que conocí la nieve de verdad. Era muchísima, de una consistencia extraña y divertida de arrojar. Constantemente se desataban guerras de nieve y treguas endebles. Ya en la base de las aerosillas, llevamos de regreso a unos turistas fraceses que nos pidieron aventón.

Ya en la ciudad fuimos al Museo del Presidio, donde hacen un relato pormenorizado de la interesantísima historia de la Prisión y su relación con la actual ciudad de Ushuaia. También en las distintas salas del Museo uno se encuentra con relatos de la historia de los antiguos pobladores (Yaganes, Selknam, Haush y Alakalufes). Impactados por la violencia de su extermino, nos pasamos la noche leyendo sobre ellos, y el paso por el museo fue obligado. No puedo dejar de recomendarlo, es modesto, pero tiene en exhibición un video de ellos. Es que los Yaganas o Yamanas no fueron exterminados sino hasta la fiebre del oro y la explotación lobera y las estancias bobinas, con esto, significa que el extermino se inició en 1890 y finalizó en 1920. Hay una increíble cantidad de fotos, incluso algunas impactantes donde se observa a Ramón Lista cazando familias enteras. También hay fotos donde se los retrata en zoológicos de Europa (en particular, el de París), que eran colocados como un atractivo más, junto a los animales del predio. Lo más impactante es un documental Italiano, donde se pueden observar a los indígenas, aún previo a la utilización de las ropas occidentales, desnudos y sólo cubiertos con una capa de piel de lobo marino, les bastaba. Tierra del Fuego debe su nombre a ellos, es que Magallanes describió así a la Isla, por verla llena de fogatas con las que los habitantes lograban hacer habitable ese confín. Las fogatas estaban dentro de sus tolderías y en las canoas de corteza de árbol con las que salían a cazar y recorrer infinitas veces los archipiélagos, incluyendo el temido Canal de Beagle donde perecieron miles de marinos europeos. Ellos, los Yamanas, de cortas piernas y fornido torso, la cruzaban a remo. Y en rigor de la verdad, eran las mujeres quienes remaban las canoas. El hombre se dedicaba al arponeo y los niños a desagotar la embarcación y mantener viva la fogata. Volví fascinado y con planes de hacer un trabajo intenso sobre los nombres de las calles de La Matanza y el merecimiento de cada hombre a tener una calle en mi lugar.



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