martes, 25 de enero de 2011

Sexta Etapa: El Calafate

Luego de la fiesta, dormimos en el Palio y desayunamos en “La Esquina” un rico barcito con wifi y precios razonables. Nos habíamos pedido unos exprimidos de naranja (muy generosos) y por mi parte un tostado mixto, Ro, unas medialunas. Luego nos encontramos con Guille con quien compramos unos pasajes en Catamarán En “Sólo Patagonia”, el precio es de 200$ y ofrecen un tour por los glaciares Upsala, Spegazzini y el famoso Perito Moreno.

Luego de comprar los pasajes y de comer bajo el viento de la costanera, fuimos a la Estancia de la Cuevas del Walichu. Ahí una hermosa casona oficia de bar y luego se ofrecen visitas guiadas a las grutas del Lago Argentino donde se pueden observar pinturas rupestres de los asentamientos pre-tehuelches. La guía la realizó de forma brillante nuestro querido Javi, que se bien gana el pan en ese lugar. El punto alto, es ver los pies de mujeres junto a los piecitos de un bebé. De acuerdo a lo relatado, al lado unas manos también pintadas, indicaban la forma del parto, y unas ondas hacia los pies del bebé, la forma en que se deben trasladar los conocimientos del pueblo tehuelche. Yo venía de mal dormir pensando en el genocidio del indio fueguino, y ver esa representación de vida me hizo un nudo en la garganta. Es tan inexplicable como el nudo que tengo ahora, 2 o 3 días después. En el lugar también hay reproducciones de otras cuevas, realizadas con los mismos métodos, materiales y escala, a los originales. Es realmente útil porque transcriben la forma de vida, los tiempos de caza y las valoraciones sobre el paso del tiempo en el hombre.

Por la noche, comimos pizzas compartiendo mesa con amigos de Javi. Previo a esto, nos habíamos pegado un riquísimo (y necesario) duchazo en la casa de Javier, que Nano y Norma nos confiaban su hostal con absoluta gentileza. Nosotros, y presumiblemente el Palio, estamos muy agradecidos por el cobijo sin pedir un peso. Fueron muy hospitalarios.

Al día siguiente comenzamos bien temprano, es que los barcos salen a las 9 de la mañana y para evitar demoras, lo mejor es ir a las 8 porque se forman largas colas en la entrada debido a que por tratarse de un parque nacional, uno debe también comprar el ingreso. 40$, y 15$ a quienes presenten el carnet de estudiante.

Arriba del barco, una guía de dudoso inglés (y se los estoy diciendo yo…) nos relataba cuestiones altisonantes del larguísimo viaje. El Glaciar Upsala no se pudo ver a causa de una gran cantidad de témpanos que flotaban sobre el ingreso del río. Pero el Spegazzini es realmente sorprendente, altísimo. En esos lugares el frío se hacía sentir hasta en los huesos. Después, paseamos por el Perito Moreno, que no es tan “salvaje” como el anterior, pero definitivamente es mucho más “ruidoso”. Los rompimientos del glaciar más famoso son casi constantes, a cada momento se escuchan espectaculares estruendos de esos colosos de hielo al caer. Realmente impresiona. El viaje sólo lo recomendaría a un fanático de los glaciares, pero para humildes turistas, no es tan aconsejable. Son 8 horas de navegación y pueden resultar muy tediosas. Eso si, cuando el catamarán se adentra en el Lago Argentino, las olas que nos sacudieron fueron bastante llamativas, adrenalínicas o julepiantes, dependiendo la valentía de cada quien.

Al regresar, no conformes con lo visto, condujimos 30 kilómetros más y nos metimos dentro del parque para ver de cerca el glaciar Perito Moreno, las pasarelas han sido modernizadas y se ve todo fantástico. Por su parte, el Perito es tan impresionante como desde el barco, a cada momento un estruendo y una interminable lengua de hielo hacia las montañas.

Finalmente llegó la despedida de El Calafate, las fotos con Javier, pizzas y cervezas. El año había sido muy cambiante para todos, pero finalmente nos pudimos encontrar en un pueblito decididamente dedicado al turismo. Es tan bello que no hay forma de no entenderlo como artificial. El 90% de su gente no es “NyC” (Nacida y Criada) en El Calafate, por el contrario, son porteños, cordobeses, Tucumanos o de cualquier lugar que quede fuera de la capital nacional de los glaciares. Nos despedimos y fuimos a la ruta 40 con rumbo norte. Pero eso, es relato para más tarde.


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1 comentario:

  1. Excelentes las fotos y la narración de viaje. Felicitaciones! Para mí Patagonia es un destino misterioso, con menos de un habitante por km2, donde se respira aire puro a cada instante. Aquí no hay un transito agobiante, no colapsan las carreteras, no se sumerge nadie en el smog. No es un paraíso, es simplemente un lugar del mundo que debería ser una muestra más de cuanto debemos cuidar lo que tenemos no solo para vivirlo nosotros sino para que lo vean nuestros hijos y quienes lo sucedan...

    Josefina A. pesca en el Calafate

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