sábado, 22 de enero de 2011

Quinta Etapa: Ushuaia - El Calafate

El segundo día fuimos al Catamarán de la agencia “Canoero” que ofrecía su servicio a la Isla Martillo (que es una pingüinera natural), pasando por la Estancia Harberton (primer estancia de Tierra del Fuego, y último refugio que cobijó de las matanzas a los habitantes originarios del lugar, los dignísimos Yaganes (o Yamanas), también pasamos por una isla repleta de Cormoranes Magallánicos (una suerte de pájaro que tiene los colores del pingüino), y lobos marinos. Fue excelente, 5 horas de paseo que incluyen café y alfajor. Una guía y pasar junto al faro Les Eclaireurs, actualmente conocido como Faro del Fin del Mundo, aunque técnicamente ese se encuentra en la Isla de los Estados, varios kilómetros más hacia el Este. El viaje fue increíble y ver esa enorme colonia de pingüinos nos impactó. Son lindos, no se espantan ante la cercanía del catamarán, juguetean entre ellos y huelen a pescado. Vimos pingüinos magallánicos y hasta un papúa (el de pico y patas naranjas). Son increíblemente lindos. Luego emprendimos la vuelta, pero ya estaba totalmente satisfecho. El viaje sale 235$. Y lo valen en cada centavo. Dentro del catamarán le insistí a Rocío que hable con las turistas japonesas que estaban junto a nosotros, pero se rehusó terminantemente.

Ya en el puerto del turista, se nos apareció mi amigo Guille, quien fue en vuelo directo a Ushuaia y se sumaba a nosotros, con él, fuimos al Museo Yamana y llegamos tarde al Museo del Fin del Mundo, asi que caminamos un rato por el coqueto centro comercial y terminamos tomando unos chocolates calientes y churros. En la noche nos dimos una panzada en el restauran Volver, que está junto a la costanera. De ahí se puede recomendar la centolla a la parmesana. Yo comí bife de chorizo, pero claramente la especialidad de la casa es la centolla y la ambientación… De todas formas, Rocío salió que explotaba, no sé si hasta mordisqueó el tenedor, de tanto que le había gustado su centolla.

En la mañana temprano quien atiende el hotel nos pasó su receta de los exquisitos muffins, buscamos a Guille y emprendimos el viaje a El Calafate (de donde les escribo), son unas 15 horas de viaje acompañados siempre de la lluvia y por momentos del viento. Y aquí hubo un emotivo encuentro con nuestro amigo Javi, quien nos esperaba con unos frutos de Calafate en la mano. De ahí a una fiesta de sus amigos. Y ahora nos vamos a pasear a los glaciares.


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4 comentarios:

  1. Buenisimo Ivan!
    Queremos algunas fotos!!

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  2. ¿¿Y la increíble historia de la bolsa de dulces rescatada de la basura?? ¡¡Dale, que hoy no duermo!!


    Bien ahí, ya tenemos un conductor nivel "extreme expert"!! ¡Todo un orgullo!

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  3. esta todo buenisimo ,pero tengo quejas ..prometiste fotos y no hay ni una y este año como estas con ro no te tomas tiempo para todos los q queremos leer como te va el viaje.ro escribi vos si el esta en vago ja ja los quiero suerte

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  4. Que hermoso destino, sin duda no hay nada mejor que viajar y alojarse en alguno de los Hoteles en el Calafate. Saludos!

    Pablo - Destinos en la Patagonia

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